Punisher - 【Delusions】

Yo no entendía muchas de las cosas que hacía esos días, sólo me dejaba guiar por mis emociones más oscuras, por mucho que me jactara de gran raciocinio. Pero cuando me encontré con esta persona, muchas de las cosas que hacía empezaron a preocuparme.

“Tienes que morir”

—¿Se puede saber por qué me seguiste hasta acá?
—Odio que me digan que no puedo hacer algo.

No hay relojes en esta casa, no me acostumbro a eso. En mi departamento no falta al menos un reloj en cada zona del lugar. ¿Será que soy esclavo del tiempo?

El no ver relojes me causa ansiedad.

—Tráeme un café.
—¡¿Qué?! ¿Me viste cara de mesero? Es tu casa, sírvetelo tú.
—¿Ni siquiera eso puedes hacer? Qué inútil.

No entiendo cómo un hombre así pudo salvarme la vida. Su nombre era por demás extraño, casi causaba risa mas no precisamente por el nombre en sí, sino por lo largo que era.

Ludwig Herzog von Mohn Nahe Liechtenstein.

Pero yo solo le decía “Herzog”, encontrando que este título lo disgustaba.

De algún modo me encantaba sacarlo de quicio, que me observara, aunque fuera con ira.

¿Seré alguna clase de masoquista?

Fue a prepararse su café. Ni siquiera me ofreció. No me fue inesperado sin embargo, ya que yo era un invitado indeseado en su casa.

Intenté momentos antes de convencerlo para que me dijera que era lo que él deseaba, pero sólo fue pérdida de tiempo. Sólo permanecía en silencio.

¿Podría ser que lo que él quería era amor?

No.

Eso era demasiado obvio y demasiado simple.

Con su breve ausencia, me pongo a observar la casa, llena de muebles, adornos y tapicería que denotaban la opulencia con la que gozaba el dueño; eso me enfermaba. Tenía deseos de romperlo todo y salir de ahí para no regresar más, pero sólo me quedé inmóvil en esa mesa marmoleada, haciendo dibujos imaginarios con los dedos.

—Esto es aburrido —murmuré cuando regresó con su taza de porcelana y se sentó frente a mí.
—Ese no es mi problema.
—Jum… ya sé, juguemos algo.

“Un juego, un juego como el que tuve con Lavi”, pensé enseguida. Quizás así podría sacarle la información que quería.

—No me gustan los juegos.

Eso me irritó. Me levanté tirando en el brusco movimiento la silla tapizada de terciopelo en la que estaba sentado y di un golpe seco con ambas manos sobre la mesa. Era la primera vez que alguien se negaba a uno de mis juegos.

Este tipo… me irritaba tanto.

—¡¿Entonces qué carajo quieres hacer?!
—Haces mucho ruido —dijo después de dar un sorbo al café— Si estás aburrido, es porque tú eres aburrido. ¿Por qué no sólo te vas y me dejas beber mi café en paz?

Yo normalmente solía tener más autocontrol, pero los modos de Ludwig, su arrogancia y su tino para decir las cosas de forma que me hacía sentir humillado, me sacaba cada vez más de quicio. De un manotazo tiré la taza casi vacía y esta se quebró con un ruido encantador que me hizo sonreír triunfante.

—¡Mocoso malcriado! —exclamó mostrando enojo por primera vez frente a mí— Te voy a enseñar modales.

Eso sí no me lo esperaba, pero de algún modo lo deseaba.

Qué retorcido.

Me llevó a jalones sobre el sillón y acto seguido nos encontrábamos forcejeando en una lucha de poder, ver quién dominaba a quién. Le solté un golpe en la cara, pero eso sólo lo enfureció más.

—¡Quítate!
—Después de todo sólo venías por esto, ¿verdad? Eres igual que toda esa gente, ¡sólo buscándome porque quieren algo!

¿Qué…?

“…sólo entran en tu camino para devorarte”.

Esas simples palabras me hicieron rendirme.

¿Por qué me dolieron tanto?

Me perdí en ese dolor interno a tal punto que poco caso le hice al físico cuando me despojó de la ropa y fue poseyéndome con furia. Y aunque su rostro estaba frente al mío no lograba verlo; sólo oía sus jadeos entremezclados con mis gemidos de dolor mientras hacía aquello con tal crudeza que me hizo pensar que lo tenía bien merecido.

Cierto… merecía que me hiciera eso. No obstante muy dentro de mí estaba disfrutando ese castigo del destino con la resolución de un masoquista, con la aceptación de un condenado.

—Yami…

Le había dicho mi nombre una sola vez, mi verdadero nombre. Nadie más que Kanda y Basara lo conocían y en el camino yo se lo había confesado a él con inesperada soltura.

¿Por qué dices mi nombre si me estás violando?

Ese contraste me está quebrando.

Pero no voy a llorar frente a ti. No vas a ver la fragilidad de mi mente.

Le sonreí pese a todo ese dolor y humillación, lo hice con burla y después… Creo que después de eso perdí el sentido de la realidad porque no recuerdo nada más que el sonido del agua de la regadera mojando mi cuerpo rasguñado en cada parte que él había tocado. Eran rasguños que yo mismo provoqué en un intento por borrarlo todo, desesperado por haber dejado que otro me tocara como sólo lo había hecho Kanda.

¿Pero por qué pensaba en Kanda en ese momento?

Me traicionó, no merece ni mi respeto.

Nadie merecía nada de mí.

Yo tampoco merecía nada de nadie.

Eso no estaba bien...





0 Comentarios

Follow Me On Instagram